Históricamente, las organizaciones gremiales
fueron defensoras de intereses económicos sectoriales. Se los ve como
grupo de presión creados para obtener servicios de representación.
Las acciones gremiales se fueron modificando con el tiempo. Los
motivos obedecen a las modificaciones en su entorno, las que
produjeron toda clase de efectos.
Las naciones, las empresas y las entidades gremiales, involucradas
en el proceso de globalización, fueron afectadas en su
desarrollo; algunas lograron identificar oportunamente los
cambios en el nuevo escenario y se adecuaron al nuevo
ambiente, y otras, no pudiendo superar la velocidad y
violencia de los cambios, quedaron fuera del mercado.
La conformación de bloques económicos con alta competitividad y
eficiencia, nuevas conductas en los mercados financieros y
desarrollos de tecnologías de producción, así como
modificaciones en las demandas del consumidor, no fueron
detectados por las empresas y las organizaciones gremiales.
En este ambiente, las asociaciones gremiales se vieron en
escenarios críticos con pérdida de asociados y escasez de
recursos por cierre de empresas, desinterés en niveles de
dirección, bajo nivel de representación, entre otros.
Así llegamos a otra etapa, en la que no se ve en la asociación la
forma de lograr los objetivos, salvo que lleguen resultados
positivos inmediatos y que produzcan rentabilidad sus
negocios.
Cómo explicar ello? Los asociados perciben y creen, que los
resultados dependen de factores internos controlables
exclusivamente por sus empresas: formación y capacitación,
acceso a financiamiento, eficiencia operativa, etc.
Conclusión, el gremio no es necesario ya que no satisface
las demandas de sus “clientes”, los asociados.
En este contexto, al CIME, le toca asumir un rol protagónico. Debe
adecuarse, crecer, mejorar y funcionar con alta eficiencia
para responder al reclamo de los asociados y la sociedad, y
en muchos casos, del Estado. No se debe olvidar que la
dirigencia se enfrenta a problemas de: escasez de recursos,
exigencia de asociados, entorno cambiante, presión para
obtener resultados continuos, etc.
¿Cómo? Identificando las necesidades que cubran aspectos
económicos, sociales, políticos, ambientales, etc,
representando los legítimos intereses de los asociados,
fortaleciendo la organización empresarial con capacitación,
mejorando el ambiente de negocios con el sector público y
privado, contribuyendo con todo ello, al desarrollo
nacional.
Será necesario generar cambios e incrementar relaciones en el
entorno, desarrollando una administración estratégica,
buscando la penetración en nuevos mercados, nacionales e
internacionales, ofreciendo servicios eficientes y efectivos
buscando la profesionalización de los recursos humanos,
respondiendo a necesidades concretas.
El eje de la misión deberá ser la competitividad, teniendo presente
que la razón de ser del CIME encontramos en los clientes,
los asociados/las empresas, sin ellos no tiene sentido
existir, así, las acciones deben satisfacer con eficiencia,
necesidades e intereses correctos, a través del desarrollo
de servicios que contribuyan a mejorar la competitividad y
desempeño de los asociados.
La importancia del CIME como organización y agente de cambio,
implica dirigencia de alta calificación, apostando a la
formación de cuadros directivos.
Por eso, urge promover la formación de directivos que aseguren el
recambio directivo y generacional con eficiencia en la
gestión, con una clara visión y compromiso con la misión de
la organización, desarrollada en un ambiente de ética y
buena fe, absoluta responsabilidad, excelente imagen y
amplio espíritu emprendedor, buenas relaciones y acompañado
de una gran capacidad de comunicación, sobre todo con una
gran capacidad de escuchar e interpretar lo que pretenden
sus mandantes.